REFLEXIONES INICIALES
Pero, mi labor académica me exige resumir el camino que he recorrido para facilitar el tránsito de mis alumnos desde lo anterior a los presocráticos hasta un Giorgio Colli. Y mi preparación científica profesional, deformante o no, me ha hecho leer a los filósofos desde mis conocimientos matemáticos, sistémicos e incluso administrativos, y de aquellos autores con los que me he sentido interpretado desde las ciencias.
La primera vez que me acerqué a la Filosofía de Kant, me retumbó en el cerebro las distinciones que había leído acerca del sistema neurológico humano en el “Árbol del Conocimiento” de Humberto Maturana y Francisco Varela, y por primera vez, y ante la novedad de los textos, reconocí un punto de inflexión en la filosofía occidental que seguramente no se había dado desde el mismo Platón o Aristóteles, -en razón que podía ocurrir un camino de retorno hacia la sabiduría griega desde los desarrollos modernos alcanzando las fronteras primigenias anteriores a los primeros literatos de la polis-. Era el retumbar de Protágoras al inicio del siglo XIX.
“Maturana es Kantiano”, me dije, a sabiendas que estaba declarando una herejía, pues yo sabía que Humberto Maturana, fiel a su doctrina, sólo se cita a si mismo, más sin las distinciones de fenómeno y cosa en sí, y sin el espacio declarativo abierto con su giro copernicano entre sujeto y objeto, no se habrían producido las consideraciones históricas, lingüísticas y cibernéticas que produjeron un texto como el “Árbol del Conocimiento”.
Ante tal declaración, y mi admiración por la agudeza de Maturana, cometí mi primer acto de filósofo, sin saberlo, escogí un maestro, Emmanuel Kant. Una ingenuidad en pleno siglo XXI, pero fue mi puerta de entrada a la Filosofía Alemana que floreció tras él, cuyos íconos celestiales mostraban un Hegel, un Nietzsche, y un Heidegger. Hoy todavía se gasta saliva en declaraciones de admiración por tales hombres, mas para algunos es admirables que así sea. Hegel, el salvavidas de la teología; Nietzsche, el bufón desenmacarador de la hipocresía; y Heidegger, el encantador de la inquietud por el futuro. Voces de un mundo que cambiaba por la acción del propio hombre, voces que propagaron declaraciones que abrieron mundos, voces que no han sido apagadas a tiempo.
Mas, se acallan las voces, y todo retoma su rumbo. La puerta abierta por Kant también se mantuvo junta, Schopenhauer dejó un camino de piedras para seguir, el íntimo Nietzsche (ese otro que se escondía en su hogar) lo supo atesorar, pero no lo compartió, Giorgio Colli oscuramente lo reinsinúa. Pero humildemente, en mi interpretación una relectura de esos clásicos desde las modernas ciencias del conocimiento, hoy expresadas en un Varela, un Maturana y un Vilaroya entre otros, y bajo la inspiración de las enseñanzas taoístas y zen (en lo de taoísta que tienen) me indican un camino de reflexión a seguir en la comprensión del mundo como expresión del fondo de la vida.

2 Comments:
Una pregunta válida es si efectivamente Maturana es Kantiano, o si, la lectura de Maturana cambia al suponer que lo es. Mal que mal, Borges ya lo decía en Ficciones, invitando a usar la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas.
O si la lectura de Kant cambia al suponerlo... la verdad es que nadie es nadiano... ...yo soy yoniano
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