lunes, diciembre 26, 2005

LAS FUENTES.

Aproximarse a un análisis y comprensión del aporte de la ciencia y tecnología a la sociedad actual y el modo de vida de las personas bajo ese paradigma, es una tarea tan basta como comprender al hombre mismo.

Además, una comprensión del hombre, desde la ciencia y la tecnología, en sí acarrea la aporía de determinar que está primero, la concepción del hombre o la comprensión de él desde la ciencia y la tecnología. Y por último sólo podemos afirmar que es el mismo hombre el que declara una concepción de sí mismo.

Entonces, ¿Existe alguna ruta que tomar para lograr con éxito esta travesía? Mi impresión es que existen tantas rutas como hombres y yo escogeré una, algo sinuosa, pero con el mérito de ser la mía.

El primer paso son determinar las fuentes, ya un filósofo declaró que éstas deben ser escasas, pero torturadas sin descanso.

Yo ya he declarado que la visión, con que abordaré el tema, será una que considere los discursos sobre los cuáles se construyen las abstracciones y universales en el terreno de la ciencia y la tecnología como “Espacios Declarativos”, que determinan límites y capacidades de acción. En ese sentido, haré mía la concepción del hombre construida sobre el lenguaje del mismo, como lo señala la Ontología del Lenguaje.

Más la ciencia y la tecnología entran en el terreno práctico-formal, y tengo una impresión preeliminar, que algunas de las construcciones teóricas de Jürgen Habermas, darán sentido práctico a algunas abstracciones, de modo que las podré utilizar como cables a tierras en momentos que los universales pierdan toda capacidad de contacto con lo vivencial.

Mas Echeverría y Habermas, cada uno a su modo, se sienten o creen sentirse así, como verdugos del paradigma moderno de la relación entre sujeto substancial y objeto. Pero su mirada intersubjetiva o relacional con que pretenden superar al sujeto como sustancia, se pierden bajo la teoría de la acción, que siempre esconde un sujeto tras de ella.

Entonces, ¿sólo queda comprender al hombre desde el paradigma que hizo florecer a la ciencia y la tecnología, incluso desde sus intentos de superación que no son más que metamorfosis de la misma concepción? O existe otro camino.

Yo creo que tiene que existir otro. He tenido la suerte en mi vida de encontrarme con algunos textos que han resonado con mi capacidad de juzgar y dar sentido a las cosas: el primero de ellos es “La Filosofía de la Expresión” del filósofo italiano Giorgio Colli, el segundo de ellos es un libro titulado “La Disolución de la Mente” de un Psiquiatra Español, Oscar Vilarroya, y el tercero es el “Arte de la Guerra” del célebre Sun Tzu. Pero no puedo negar, que el hilo conductor que me ha permitido enlazar estos textos en mi búsqueda personal, son los textos que he leído de Humberto Maturana, y que en lo principal me hacen ligar nuestras emociones con la voluntad de vivir de Schopenhauer (uno de los maestros de Giorgio Colli) y una concepción relacional del mundo con la disolución total de la mente y sus conceptos, y la expresión de algo en las cosas y objetos del mundo, como lo indica la tradición china taoísta.

Veamos como me va.

miércoles, diciembre 21, 2005

A MODO DE INTRODUCCIÓN

La razón como abstracción centrada en los objetos clama ser superada, la propia Ley General de la Deducción ha demostrado que los propios objetos construidos por ella, se deshacen en el calor de sus accidentadas manos. Pero la perspectiva del objeto no es el único camino que puede seguir el logos, más bien ese es el camino sin salida.
La Modernidad reemplazó a los objetos del mundo, por un único y nuevo objeto: el sujeto, y el principio de individuación, inherente a la naturaleza humana, escogió su propio callejón sin salida, y tomados de la mano de otra concepción de razón, la hizo esclava de los propios intereses, de la sed de dominación, de la voluntad de poder, dando un sabor espurio a los juegos de palabras construidos para la persecución de fines y objetivos. Hoy todos buscan salir del aprieto, deshacerse del cinismo, encontrar sentido al sin sentido, construir sobre un nihilismo que niega todo, o redescubrir al uno en el todo de ciertos panteísmos.

Ese es el escenario discursivo, en que abstracciones, producidas en el lenguaje, como lo son la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad deben ser abordadas para la “compresión” y “análisis” de mis estudiantes de Psicología.

Tras dos semestres de infructuosa lucha entre mi persona y una tabla heredada de objetivos y contenidos, he decidido dar un vuelco que me permita mostrar a mis alumnos que pueden construir sus propios juicios fundados del mundo que les ha tocado vivir. Mundo elaborado en un contexto discursivo que en los últimos 500 años permitieron el nacimiento de la Ciencia como disciplina; que en los últimos 250 años vieron florecer la creatividad tecnológica del hombre; y que en igual período, el trabajo del hombre y la acumulación del mismo, han servido de incentivo para un portafolio de discursos que desde el sujeto, libre, creativo, que se apropia de los objetos a través de la ciencia y la tecnología puede construir un mejor lugar para vivir.

Mas, todos esos discursos están confeccionados sobre palabras, palabras emitidas por alguien, palabras nacidas de la interacción de muchas y distintas personas, palabras heredadas desde innumerables generaciones, palabras cuyos significados cambian día a día, palabras que son lo único que tenemos para construir nuestras identidades, palabras que nos llevan a perdernos de nosotros mismos, palabras que son el único nexo entre el mundo y lo que hemos vivido, palabras que completan nuestras percepciones, palabras que manipulan nuestras memorias, palabras que se elevan hasta el cielo como si fueran lo único que existieran, palabras que detienen el flujo con que se expresa la vida.

Por ello, no queda más que comprender y analizar la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad desde las palabras que se unen para describir los discursos y declaraciones que le han dado tanto poder en las vidas que nos ha tocado vivir.