LAS FUENTES.
Además, una comprensión del hombre, desde la ciencia y la tecnología, en sí acarrea la aporía de determinar que está primero, la concepción del hombre o la comprensión de él desde la ciencia y la tecnología. Y por último sólo podemos afirmar que es el mismo hombre el que declara una concepción de sí mismo.
Entonces, ¿Existe alguna ruta que tomar para lograr con éxito esta travesía? Mi impresión es que existen tantas rutas como hombres y yo escogeré una, algo sinuosa, pero con el mérito de ser la mía.
El primer paso son determinar las fuentes, ya un filósofo declaró que éstas deben ser escasas, pero torturadas sin descanso.
Yo ya he declarado que la visión, con que abordaré el tema, será una que considere los discursos sobre los cuáles se construyen las abstracciones y universales en el terreno de la ciencia y la tecnología como “Espacios Declarativos”, que determinan límites y capacidades de acción. En ese sentido, haré mía la concepción del hombre construida sobre el lenguaje del mismo, como lo señala la Ontología del Lenguaje.
Más la ciencia y la tecnología entran en el terreno práctico-formal, y tengo una impresión preeliminar, que algunas de las construcciones teóricas de Jürgen Habermas, darán sentido práctico a algunas abstracciones, de modo que las podré utilizar como cables a tierras en momentos que los universales pierdan toda capacidad de contacto con lo vivencial.
Mas Echeverría y Habermas, cada uno a su modo, se sienten o creen sentirse así, como verdugos del paradigma moderno de la relación entre sujeto substancial y objeto. Pero su mirada intersubjetiva o relacional con que pretenden superar al sujeto como sustancia, se pierden bajo la teoría de la acción, que siempre esconde un sujeto tras de ella.
Entonces, ¿sólo queda comprender al hombre desde el paradigma que hizo florecer a la ciencia y la tecnología, incluso desde sus intentos de superación que no son más que metamorfosis de la misma concepción? O existe otro camino.
Yo creo que tiene que existir otro. He tenido la suerte en mi vida de encontrarme con algunos textos que han resonado con mi capacidad de juzgar y dar sentido a las cosas: el primero de ellos es “La Filosofía de la Expresión” del filósofo italiano Giorgio Colli, el segundo de ellos es un libro titulado “La Disolución de la Mente” de un Psiquiatra Español, Oscar Vilarroya, y el tercero es el “Arte de la Guerra” del célebre Sun Tzu. Pero no puedo negar, que el hilo conductor que me ha permitido enlazar estos textos en mi búsqueda personal, son los textos que he leído de Humberto Maturana, y que en lo principal me hacen ligar nuestras emociones con la voluntad de vivir de Schopenhauer (uno de los maestros de Giorgio Colli) y una concepción relacional del mundo con la disolución total de la mente y sus conceptos, y la expresión de algo en las cosas y objetos del mundo, como lo indica la tradición china taoísta.
Veamos como me va.
