EL FÉNOMENO
Kant, fue aún más allá de Locke en su distinción, indicando que las cualidades primarias de los objetos, (solidez, extensión, forma, etc) sólo pertenecen al fenómeno en nuestra capacidad cognitiva, pues dichas cualidades eran condicionadas por el espacio, el tiempo, y la causalidad elementos que son conocidos a priori por nosotros. De este modo, Locke, había quitado al objeto aquellas cualidades entregadas por los órganos sensoriales, y Kant, a lo anterior, le quitaba a aquello lo proveniente de las funciones cerebrales.
Según el mismo Schopenhauer, que según Giorgio Colli fue el único que realmente comprendió a Kant, éste había demostrado que las leyes que dominan con absoluta necesidad en la existencia, en la experiencia en general, no son aplicables para deducir y explicar la existencia misma, indicando que la validez de tales leyes sólo es relativa, es decir, que sólo empieza tras la existencia, y una vez que la experiencia en general ya está establecida y es efectiva, y por lo tanto no son aplicables a la demostración de la existencia del mundo y de nosotros mismos. Hasta antes de Kant, todos los filósofos occidentales afirmaban que tales leyes (tiempo, espacio, causalidad y conclusión lógica; o principios de la razón) eran leyes absolutas e incondicionadas, de modo que el mundo derivaría de ellas y existiría en conformidad de ellas.
Así Kant mostró que el mundo de los fenómenos está tanto condicionado por los objetos como por el sujeto, además comprobó que las formas del conocimiento no sólo dependían del objeto, sino que también del sujeto. De este modo, objeto y sujeto son las dos fronteras de la relación cognitiva, al intentar seguirlas o cruzarlas no se penetra, porque no se puede, ni en el interior del objeto y tampoco en el interior del sujeto, no pudiéndose conocer la esencia del mundo, lo que Kant denominó la cosa en sí.
Ahora la esencia del mundo, la cosa en sí según Kant, tuvo corta aceptación en el desarrollo filosófico posterior, pues su sola denominación traía consigo una contradicción pues objetivizaba un algo del que ya no se podía decir que era objeto, pues estaba más allá de la frontera entre objeto y sujeto. De ello se desprendió que sólo el mundo de los fenómenos era el único del que el hombre podía tener conocimiento. Schopenhauer encerró dicha conclusión en lo que denominó el mundo como representación, en el sentido que el mundo era un objeto para un sujeto.
En resumen, fenómeno es todo aquello que es objeto de la experiencia sensible e inteligible a priori.
“Cuando nos perdemos en la consideración del infinito tamaño del mundo en el espacio y el tiempo, meditamos sobre los siglos pasados y venideros, o también cuando el cielo nocturno nos pone ante los ojos innumerables mundos efectivos y la inconmensurabilidad del mundo penetra en la conciencia, nos sentimos a nosotros mismos empequeñecidos hasta la nada, nos sentimos en cuanto individuo, en cuanto cuerpo vivo, en cuanto fugaz manifestación de la voluntad, como una gota de océano deshaciéndonos vertiginosamente en la nada. Pero al mismo tiempo frente al espectro de nuestra propia futilidad, frente a esa mendaz imposibilidad, se eleva la conciencia inmedita de que todos esos mundos existen en nuestra representación, en cuanto modificaciones del eterno sujeto del conocer puro con que nos encontramos tan pronto como olvidamos la individualidad, sujeto que es el necesario e indispensable portador de todos esos mundos y de todos esos tiempos”. Con estas palabras Schopenhauer ilustra la permanente relación entre objetos y sujetos, dan a entender que la configuración del mundo que percibimos se sustenta en los límites de dicha relación.
