martes, marzo 28, 2006

EL FÉNOMENO

Citando a Schopenhauer en su apéndice “crítica a la filosofía kantiana” (según la edición de Roberto Aramayo) puedo indicar que “El mayor mérito de Kant es la distinción entre fenómeno y cosa en sí, la cual se fundamenta en la constatación de que entre nosotros y las cosas se haya siempre el intelecto, razón por la cuál las cosas no pueden ser conocidas según lo que puedan ser en sí mismas”. Según el propio Schopenhaeur, Kant había llegado a esta conclusión partiendo de la demostración que había hecho Locke, en el sentido que las denominadas cualidades secundarias de las cosas, color, sonido, olor, provenientes de las percepciones sensoriales no pertenecían a las cosas en sí misma.

Kant, fue aún más allá de Locke en su distinción, indicando que las cualidades primarias de los objetos, (solidez, extensión, forma, etc) sólo pertenecen al fenómeno en nuestra capacidad cognitiva, pues dichas cualidades eran condicionadas por el espacio, el tiempo, y la causalidad elementos que son conocidos a priori por nosotros. De este modo, Locke, había quitado al objeto aquellas cualidades entregadas por los órganos sensoriales, y Kant, a lo anterior, le quitaba a aquello lo proveniente de las funciones cerebrales.

Según el mismo Schopenhauer, que según Giorgio Colli fue el único que realmente comprendió a Kant, éste había demostrado que las leyes que dominan con absoluta necesidad en la existencia, en la experiencia en general, no son aplicables para deducir y explicar la existencia misma, indicando que la validez de tales leyes sólo es relativa, es decir, que sólo empieza tras la existencia, y una vez que la experiencia en general ya está establecida y es efectiva, y por lo tanto no son aplicables a la demostración de la existencia del mundo y de nosotros mismos. Hasta antes de Kant, todos los filósofos occidentales afirmaban que tales leyes (tiempo, espacio, causalidad y conclusión lógica; o principios de la razón) eran leyes absolutas e incondicionadas, de modo que el mundo derivaría de ellas y existiría en conformidad de ellas.

Así Kant mostró que el mundo de los fenómenos está tanto condicionado por los objetos como por el sujeto, además comprobó que las formas del conocimiento no sólo dependían del objeto, sino que también del sujeto. De este modo, objeto y sujeto son las dos fronteras de la relación cognitiva, al intentar seguirlas o cruzarlas no se penetra, porque no se puede, ni en el interior del objeto y tampoco en el interior del sujeto, no pudiéndose conocer la esencia del mundo, lo que Kant denominó la cosa en sí.

Ahora la esencia del mundo, la cosa en sí según Kant, tuvo corta aceptación en el desarrollo filosófico posterior, pues su sola denominación traía consigo una contradicción pues objetivizaba un algo del que ya no se podía decir que era objeto, pues estaba más allá de la frontera entre objeto y sujeto. De ello se desprendió que sólo el mundo de los fenómenos era el único del que el hombre podía tener conocimiento. Schopenhauer encerró dicha conclusión en lo que denominó el mundo como representación, en el sentido que el mundo era un objeto para un sujeto.

En resumen, fenómeno es todo aquello que es objeto de la experiencia sensible e inteligible a priori.

“Cuando nos perdemos en la consideración del infinito tamaño del mundo en el espacio y el tiempo, meditamos sobre los siglos pasados y venideros, o también cuando el cielo nocturno nos pone ante los ojos innumerables mundos efectivos y la inconmensurabilidad del mundo penetra en la conciencia, nos sentimos a nosotros mismos empequeñecidos hasta la nada, nos sentimos en cuanto individuo, en cuanto cuerpo vivo, en cuanto fugaz manifestación de la voluntad, como una gota de océano deshaciéndonos vertiginosamente en la nada. Pero al mismo tiempo frente al espectro de nuestra propia futilidad, frente a esa mendaz imposibilidad, se eleva la conciencia inmedita de que todos esos mundos existen en nuestra representación, en cuanto modificaciones del eterno sujeto del conocer puro con que nos encontramos tan pronto como olvidamos la individualidad, sujeto que es el necesario e indispensable portador de todos esos mundos y de todos esos tiempos”. Con estas palabras Schopenhauer ilustra la permanente relación entre objetos y sujetos, dan a entender que la configuración del mundo que percibimos se sustenta en los límites de dicha relación.

lunes, enero 30, 2006

REFLEXIONES INICIALES

Recuerdo haber leído, no hace mucho, en un escrito (paper) sobre teoría del conocimiento que la antigua epistemología hoy en día era abordada por la filosofía de la ciencia –como si algo concreto puede llamarse así-. Entonces no pude más que rumiar algunos nombres del pasado tales como Locke, Hume, Kant, Schopenhauer, Husserl, Colli entre otros, y sentir lo audaz del comentario del Autor, mientras comparaba esos nombres con un Popper, Khun o Lakatos. Aquello era tan audaz como indicar, en pleno siglo XXI, que el gran aporte de Santo Tomás de Aquino era unir razón y fe –en el sentido que con ello se está haciendo un favor a la fe- cuando hoy ya no hay duda alguna que aquello que se define por “razón” no obedece ni a distinción alguna ni a consenso alguno, en el sentido que su uso utilitario y espurio la destronaba de todo señorío, o que su uso auténtico se aleja cada vez más de los caminos de Aristóteles, de la representación como imagen, de la afirmación de existencia en sí, del sujeto que conoce.

Pero, mi labor académica me exige resumir el camino que he recorrido para facilitar el tránsito de mis alumnos desde lo anterior a los presocráticos hasta un Giorgio Colli. Y mi preparación científica profesional, deformante o no, me ha hecho leer a los filósofos desde mis conocimientos matemáticos, sistémicos e incluso administrativos, y de aquellos autores con los que me he sentido interpretado desde las ciencias.

La primera vez que me acerqué a la Filosofía de Kant, me retumbó en el cerebro las distinciones que había leído acerca del sistema neurológico humano en el “Árbol del Conocimiento” de Humberto Maturana y Francisco Varela, y por primera vez, y ante la novedad de los textos, reconocí un punto de inflexión en la filosofía occidental que seguramente no se había dado desde el mismo Platón o Aristóteles, -en razón que podía ocurrir un camino de retorno hacia la sabiduría griega desde los desarrollos modernos alcanzando las fronteras primigenias anteriores a los primeros literatos de la polis-. Era el retumbar de Protágoras al inicio del siglo XIX.

“Maturana es Kantiano”, me dije, a sabiendas que estaba declarando una herejía, pues yo sabía que Humberto Maturana, fiel a su doctrina, sólo se cita a si mismo, más sin las distinciones de fenómeno y cosa en sí, y sin el espacio declarativo abierto con su giro copernicano entre sujeto y objeto, no se habrían producido las consideraciones históricas, lingüísticas y cibernéticas que produjeron un texto como el “Árbol del Conocimiento”.

Ante tal declaración, y mi admiración por la agudeza de Maturana, cometí mi primer acto de filósofo, sin saberlo, escogí un maestro, Emmanuel Kant. Una ingenuidad en pleno siglo XXI, pero fue mi puerta de entrada a la Filosofía Alemana que floreció tras él, cuyos íconos celestiales mostraban un Hegel, un Nietzsche, y un Heidegger. Hoy todavía se gasta saliva en declaraciones de admiración por tales hombres, mas para algunos es admirables que así sea. Hegel, el salvavidas de la teología; Nietzsche, el bufón desenmacarador de la hipocresía; y Heidegger, el encantador de la inquietud por el futuro. Voces de un mundo que cambiaba por la acción del propio hombre, voces que propagaron declaraciones que abrieron mundos, voces que no han sido apagadas a tiempo.
Mas, se acallan las voces, y todo retoma su rumbo. La puerta abierta por Kant también se mantuvo junta, Schopenhauer dejó un camino de piedras para seguir, el íntimo Nietzsche (ese otro que se escondía en su hogar) lo supo atesorar, pero no lo compartió, Giorgio Colli oscuramente lo reinsinúa. Pero humildemente, en mi interpretación una relectura de esos clásicos desde las modernas ciencias del conocimiento, hoy expresadas en un Varela, un Maturana y un Vilaroya entre otros, y bajo la inspiración de las enseñanzas taoístas y zen (en lo de taoísta que tienen) me indican un camino de reflexión a seguir en la comprensión del mundo como expresión del fondo de la vida.

lunes, diciembre 26, 2005

LAS FUENTES.

Aproximarse a un análisis y comprensión del aporte de la ciencia y tecnología a la sociedad actual y el modo de vida de las personas bajo ese paradigma, es una tarea tan basta como comprender al hombre mismo.

Además, una comprensión del hombre, desde la ciencia y la tecnología, en sí acarrea la aporía de determinar que está primero, la concepción del hombre o la comprensión de él desde la ciencia y la tecnología. Y por último sólo podemos afirmar que es el mismo hombre el que declara una concepción de sí mismo.

Entonces, ¿Existe alguna ruta que tomar para lograr con éxito esta travesía? Mi impresión es que existen tantas rutas como hombres y yo escogeré una, algo sinuosa, pero con el mérito de ser la mía.

El primer paso son determinar las fuentes, ya un filósofo declaró que éstas deben ser escasas, pero torturadas sin descanso.

Yo ya he declarado que la visión, con que abordaré el tema, será una que considere los discursos sobre los cuáles se construyen las abstracciones y universales en el terreno de la ciencia y la tecnología como “Espacios Declarativos”, que determinan límites y capacidades de acción. En ese sentido, haré mía la concepción del hombre construida sobre el lenguaje del mismo, como lo señala la Ontología del Lenguaje.

Más la ciencia y la tecnología entran en el terreno práctico-formal, y tengo una impresión preeliminar, que algunas de las construcciones teóricas de Jürgen Habermas, darán sentido práctico a algunas abstracciones, de modo que las podré utilizar como cables a tierras en momentos que los universales pierdan toda capacidad de contacto con lo vivencial.

Mas Echeverría y Habermas, cada uno a su modo, se sienten o creen sentirse así, como verdugos del paradigma moderno de la relación entre sujeto substancial y objeto. Pero su mirada intersubjetiva o relacional con que pretenden superar al sujeto como sustancia, se pierden bajo la teoría de la acción, que siempre esconde un sujeto tras de ella.

Entonces, ¿sólo queda comprender al hombre desde el paradigma que hizo florecer a la ciencia y la tecnología, incluso desde sus intentos de superación que no son más que metamorfosis de la misma concepción? O existe otro camino.

Yo creo que tiene que existir otro. He tenido la suerte en mi vida de encontrarme con algunos textos que han resonado con mi capacidad de juzgar y dar sentido a las cosas: el primero de ellos es “La Filosofía de la Expresión” del filósofo italiano Giorgio Colli, el segundo de ellos es un libro titulado “La Disolución de la Mente” de un Psiquiatra Español, Oscar Vilarroya, y el tercero es el “Arte de la Guerra” del célebre Sun Tzu. Pero no puedo negar, que el hilo conductor que me ha permitido enlazar estos textos en mi búsqueda personal, son los textos que he leído de Humberto Maturana, y que en lo principal me hacen ligar nuestras emociones con la voluntad de vivir de Schopenhauer (uno de los maestros de Giorgio Colli) y una concepción relacional del mundo con la disolución total de la mente y sus conceptos, y la expresión de algo en las cosas y objetos del mundo, como lo indica la tradición china taoísta.

Veamos como me va.

miércoles, diciembre 21, 2005

A MODO DE INTRODUCCIÓN

La razón como abstracción centrada en los objetos clama ser superada, la propia Ley General de la Deducción ha demostrado que los propios objetos construidos por ella, se deshacen en el calor de sus accidentadas manos. Pero la perspectiva del objeto no es el único camino que puede seguir el logos, más bien ese es el camino sin salida.
La Modernidad reemplazó a los objetos del mundo, por un único y nuevo objeto: el sujeto, y el principio de individuación, inherente a la naturaleza humana, escogió su propio callejón sin salida, y tomados de la mano de otra concepción de razón, la hizo esclava de los propios intereses, de la sed de dominación, de la voluntad de poder, dando un sabor espurio a los juegos de palabras construidos para la persecución de fines y objetivos. Hoy todos buscan salir del aprieto, deshacerse del cinismo, encontrar sentido al sin sentido, construir sobre un nihilismo que niega todo, o redescubrir al uno en el todo de ciertos panteísmos.

Ese es el escenario discursivo, en que abstracciones, producidas en el lenguaje, como lo son la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad deben ser abordadas para la “compresión” y “análisis” de mis estudiantes de Psicología.

Tras dos semestres de infructuosa lucha entre mi persona y una tabla heredada de objetivos y contenidos, he decidido dar un vuelco que me permita mostrar a mis alumnos que pueden construir sus propios juicios fundados del mundo que les ha tocado vivir. Mundo elaborado en un contexto discursivo que en los últimos 500 años permitieron el nacimiento de la Ciencia como disciplina; que en los últimos 250 años vieron florecer la creatividad tecnológica del hombre; y que en igual período, el trabajo del hombre y la acumulación del mismo, han servido de incentivo para un portafolio de discursos que desde el sujeto, libre, creativo, que se apropia de los objetos a través de la ciencia y la tecnología puede construir un mejor lugar para vivir.

Mas, todos esos discursos están confeccionados sobre palabras, palabras emitidas por alguien, palabras nacidas de la interacción de muchas y distintas personas, palabras heredadas desde innumerables generaciones, palabras cuyos significados cambian día a día, palabras que son lo único que tenemos para construir nuestras identidades, palabras que nos llevan a perdernos de nosotros mismos, palabras que son el único nexo entre el mundo y lo que hemos vivido, palabras que completan nuestras percepciones, palabras que manipulan nuestras memorias, palabras que se elevan hasta el cielo como si fueran lo único que existieran, palabras que detienen el flujo con que se expresa la vida.

Por ello, no queda más que comprender y analizar la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad desde las palabras que se unen para describir los discursos y declaraciones que le han dado tanto poder en las vidas que nos ha tocado vivir.